Me busco, me busco, me busco. Es en vano! En va-no... Me dejé en rincones de corazónes, de calles, de almas y de edificios. Y de allá me agaró el viento del otoño y me dejó quien sabe dónde.
Me busco, me busco, me busco... Y no encuentro nada de lo que fui hace unos días, unos meses, un año o dos. Se fué la ambición, la confianza, la voluntad, el corazón. ¿Puedo hacer un transplante? Quisas me regalan otra mejor... Quizás. Se fué todo. Hasta la sonrisa que hizo feliz un mundo entero...
Me busco, me busco, me busco... Y no encuentro más que una sombra, una forma sin fondo, un dibujo quedado sin color. El niño no me gustó; preferió dar la página.
Ni siquiera cojo ojas secas este otoño, para mi colección. Y ni siquiera tengo la antigua colección. Las regalé a todas... He dado de mi amargura a todos. Por lo menos con esto se van a quedar cuando piensan - por absurdo - en mi: con un gusto amargo. Ni siquiera no estoy diario enfrente de una pantalla, escribiendo historias de amor, de odio, de mí, de tí, de él, de ella. Mis musas se han aogado y no pueden salir.
Hasta Ellos me olvidaron. Me miran y se sienten tán bien, por comparación, que prefieren hacerlo a Narcis. Se los fué hasta el egoísmo nacido del deseo de sentirse mejor tratando de poner una sonrisa. Todos prefieren callarse y esperar que cuando llegará su momento de hablar, yo los voy a recibir con la misma ternura de siempre. Y voy a reír. Y me voy a comportar como si nada hubiera pasado. Como si ellos no hubieran tomado tantos pedasitos de mí - y no quieren devolvermelas. Ni siquiera echan la culpa al viento. ¡Pobrecito! Solamente disimulan - dicen que nunca las tuvieron.
Me busco, me busco, me busco. Esperando encontrarme algún día. En un rincón de corazón, de calle, de alma, de edificio.
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